Este sitio utiliza cookies, propias y de terceros, si continua navegando por nuestras páginas se le supone informado al respecto

Cierres eléctricos (primera parte)

Enero 16, 2018

 

Hoy vamos a hablar de unos mecanismos que vemos por doquier, y aún siendo frecuentes puede que el artículo acabe pecando de excesivamente técnico, normalmente nuestros escritos van dirigidos a un público que no tiene porque tener ningún conocimiento en cerrajería y se hacen con ánimo divulgativo, esperamos no aburrirles.

Como siempre, para empezar, un poco de historia nos vendrá bien. Los cierres eléctricos tienen diversos usos para la apertura a distancia de puertas, pero su utilización más habitual es en portales de viviendas.
Puesto que ya tenemos una edad, podemos remontarnos a mediados del siglo pasado y ver el origen de todo este asunto. La situación en ese momento era la siguiente, los porteros electrónicos, telefonillos o interfonos no existían, ¿como se abrían las puertas desde los pisos?, pues en la mayoría de los casos de ninguna manera. Está claro que las costumbres y los sistemas podían variar dependiendo de la localización geográfica del lector, pero vamos a describir la situación en la ciudad de Barcelona en aquel momento.

Los portales de los edificios permanecían abiertos durante todo el día, por lo menos entre las ocho de la mañana y las diez de la noche, a partir de esa hora se cerraba con llave, los vecinos abrían con la llave, pasaban por la puerta y cerraban de nuevo, el primero que cruzaba la puerta por la mañana a partir de la hora prefijada la dejaba abierta y así permanecía hasta la noche.


Si llegabas al edificio por la noche y no tenías llave no podías llamar al piso, muchos edificios tenían una botonera que agrupaba todos los timbres de los vecinos, pero habitualmente estaban ubicados en el interior del portal y no eran accesibles cuando la puerta estaba cerrada, estos botones hacían sonar el timbre de cada piso pero no había mayor posibilidad de comunicación, no existían teléfonos móviles ni cabinas y muchas personas ni siquiera tenían teléfono fijo ¿Solución? ¡¡¡ SERENOOOO !!!, sí queridos jóvenes, aunque parezca increíble la solución era ponerse a gritar en medio de la calle a las tantas de la madrugada la palabra “SERENO” lo mas fuerte posible, el sereno , era un señor cuyo trabajo consistia en velar por el orden público de unas cuantas manzanas durante la noche y paseaba haciendo rondas continuas por el territorio que tenía adjudicado, cuando el sereno oía la llamada acudía en nuestra ayuda con una ristra de llaves que incluían las de todos los portales de su zona, abría la puerta, nos permitía pasar y cerraba acto seguido.


¿Primitivo?, bien no era el único sistema, en algunas zonas de cascos antiguos como el Raval, El Gótico la Ribera o Gracia, las puertas de los edificios contaban con aldabas o llamadores, instrumentos construidos para realizar sonoros golpes que se oían en todo el bloque, según un código de repiqueteos establecido, los vecinos sabían a qué piso nos estábamos dirigiendo. En estos mismos edificios, para colmo de la tecnología punta del momento se instalaban cuerdas que atadas al tirador de la cerradura subían por el hueco de la escalera y permitían abrir estirando desde el descansillo de cada piso sin tener que bajar expresamente.

Y la tecnología llegó al rescate.
Se inventaron los telefonillos y con ellos los cierres eléctricos.

Y mandaron a los serenos al paro.

El cierre eléctrico inicial permitía abrir una puerta cerrada solo con el picaporte durante el tiempo que el vecino mantenía el pulsador de su piso presionado.
Pero los humanos somos de complicarlo todo ¿o no?.

 

Memoria.

Los humanos también tenemos tendencia a la vagancia, por lo tanto lo primero que se añadió fue la “memoria” ¿función? permitir que el dispositivo se abriese solo con una pulsación remota, para no tener que estar aguantando el botón de apertura hasta que se empuja la puerta, una vez recibido el impulso eléctrico el cierre permanece abierto hasta que se empuja la puerta, es cómodo aunque nuestras abuelas no se han enterado de su existencia y machacan el pulsador hasta que vamos subiendo en el ascensor por el tercer piso. ¿Problemas? Si se pulsa la apertura y no se empuja la puerta el mecanismo queda abierto indefinidamente.

 

Desbloqueo.

Segundo añadido, la palanca de desbloqueo, a alguien se le ocurrió añadir una palanquita en el lateral para desbloquear el cierre a voluntad. Es poco recomendable salvo que su uso sea imprescindible, tiene dos problemas, siempre hay quien desbloquea el cierre y lo deja abierto, ocasionalmente la palanquita también tiene tendencia a accionarse sola por gravedad, en ese caso y dependiendo de la mano de la puerta los sucesivos portazos hacen que la palanca se deslice más o menos lentamente hacia abajo, ocasionando que la puerta se quede abierta o cerrada dependiendo de la mano de la puerta.

 

Regulable.

Tercera incorporación, bloqueo regulable.
Es extremadamente difícil instalar el cierre con el juego de puerta exacto, o bien la puerta queda con mucho juego o con tan poco que el electroimán de desbloqueo no tiene bastante fuerza para abrir, aquí es donde entran en juego los cerraderos regulables, con piezas que permiten ajustar la franquicia.

Todas estas variantes pueden estar presentes de forma individual o combinadas en cualquier cierre instalado.

A partir de aquí las variaciones y sus motivaciones se multiplican y nos dan pié para otra entrega.

Próximamente segunda parte

 

 

 

 

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.